Palaú: La agonía del gigante del carbón
Tras décadas de ser el motor industrial de Coahuila, la comunidad de Palaú enfrenta hoy su hora más crítica. Entre el cierre definitivo de la planta lavadora de carbón (MIMOSA). El éxodo de familias y el silencio de las minas marcan el fin de una era que se resiste a morir bajo la tierra.
Por José Luis Marroquín
Lo que una vez fue el motor de la Región Carbonífera, hoy se desvanece entre el polvo y el silencio.
Palaú, comunidad emblemática de Melchor Múzquiz, Coahuila, atraviesa una metamorfosis dolorosa: de ser un referente nacional en el lavado de carbón, hoy empieza a convertirse en un “pueblo fantasma” por la falta de oportunidades.
Este medio hizo una visita especial a la zona, en donde se pudo constatar que el éxodo es real. Las familias no se van por gusto; huyen de la parálisis económica.



Al recorrer sus calles y dialogar con los habitantes que permanecen en el sitio, se confirmó que la principal fuente de empleo no solo se detuvo, sino que parece haber quedado sepultada.
La principal causa de la crisis en la región tiene un nombre: Minera del Norte, S.A. de C.V. (MINOSA) o conocida popularmente como MIMOSA.



Los habitantes coinciden en que el colapso comenzó en julio de 2016, cuando la planta lavadora de carbón empezó, paulatinamente, a dejar de operar, hasta que se dio su cierre definitivo.

“Es que ya la planta lavadora se paró, dejó de lavar o trabajar”, detalló Arturo González, quien trabajó por 43 años en la planta de Mimosa.
“La lavadora lavaba carbón extraído de las minas o pozos que aquí había en la región carbonífera a nivel municipio de Múzquiz; ese fue uno de los motivos por los que ya no hubo extracción de carbón”.
Una mezcla de altos costos operativos y la caída en la demanda del mineral por parte de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) dejó a miles en la incertidumbre.
“Se supone que sí existen mantos de carbón bajo tierra todavía, pero ya sale muy caro, muy costoso sacarlo”, agregó González.
“Las empresas que existieron, por así decirlo, Minerales Monclova de la sección 259, que era el sindicato, pues dejaron de operar”.
“Yo, que tengo uso de razón, yo, que tengo 68 años de edad; yo la conocí (a la planta) cuando lavaba 160 toneladas y había minas; ya lo último, la planta lavadora procesaba 600 toneladas“.
El golpe no fue solo para Palaú. El efecto dominó alcanzó a otras comunidades de Melchor Múzquiz como: La Cuchilla, Ejido Rancherías, Villas de Esperanzas y Mineral de Barroterán.

La nostalgia por la ausencia de “la máquina”
Actualmente, la planta de Mimosa todavía conserva la infraestructura que operaba para limpiar el carbón. También las oficinas se encuentran intactas, pero con la ausencia más importante: los trabajadores.
A la lavadora también se conecta una serie de vías del tren, en donde se movía “la máquina”, forma en la que los lugareños llamaban al ferrocarril que transportaba el carbón hasta las comunidades aledañas e incluso hasta la ciudad de Monclova, Coahuila.
El sonido de “la máquina” es también algo que se extraña en esta zona; hoy las vías están oxidadas y llenas de maleza.
Sin embargo, este es el menor de los problemas; algunos habitantes poco a poco han ido abandonando sus viviendas para migrar a Monclova, Monterrey o incluso a los Estados Unidos.
“Se ha ido un montón de gente que se quedó sin trabajo, sin empleo, sin nada, ya no existió jale”, lamentó el exempleado de Mimosa, “elcarbón ya no es un recurso renovable, ya no hay nada; era la fuente de trabajo que sustentaba todo”.
“Yo trabajé en la planta lavadora 43 años y ahí fue donde me pensioné. Hubo mucha gente que vivió y construyó todo lo que está aquí; las casas las construimos del mismo trabajo que tuvimos en Palaú”.
Basta con realizar un recorrido en la zona del centro de Palaú para constatar que hay casas solas, llenas de grafiti y con cristales quebrados, que confirman el evidente abandono.



El cierre de las minas y accidentes fatales
Según los habitantes, algo que aceleró la clausura de la lavadora de carbón fue el cierre de minas claves en años recientes.
El agotamiento de las reservas, los crecientes problemas de seguridad y la cancelación de contratos terminaron por colapsar la fuente de empleo local.
“Fue la Mina 1, la 2, la 3, la 4 y la 6; fue la última que se cerró en esta región, rumbo a (Nueva) Rosita, que mandaba carbón para lavar. La maquinaria (el tren), la de aquí de la Planta Lavadora de Palaú y la de la Florida se pararon porque ya no iba a recoger carbón”, indicó Arturo González.
Antes del cierre de la lavadora de carbón Mimosa, la zona carbonífera estuvo marcada por los cierres y tragedias que aceleraron el fin de las operaciones:
Mina Pasta de Conchos (San Juan de Sabinas): La mina cerró tras el trágico accidente que ocurrió el 19 de febrero de 2006.
La causa del accidente fue una explosión por acumulación de gas metano (grisú) que colapsó varios túneles de la mina, que dejó a 65 mineros atrapados.
En los días posteriores solo se recuperaron 2 cuerpos, dejando a 63 trabajadores sepultados. Tras casi 20 años de exigencias por parte de las familias, el gobierno federal inició trabajos de rescate que han permitido la localización y recuperación gradual de restos de mineros en meses recientes.
Mina la Esmeraldas (Mina 5) (San Juan de Sabinas): Cerró definitivamente en junio de 2019 tras 25 años de operación. El motivo fue que llegó al fin de su vida productiva, lo que resultó en el despido y liquidación de aproximadamente 800 trabajadores.
Tajo La Conquista (Sabinas): Cesó operaciones en el año 2019 para iniciar una fase de restauración y protección ambiental.
Mina Micarán (en Rancherías): La mina sufrió un colapso e inundación trágica el 4 de junio de 2021. Tras el accidente, donde fallecieron siete mineros, la operación fue suspendida y se convirtió en un símbolo de las denuncias por falta de medidas de seguridad en la región.
Mina 7 (Barroterán): Cerró operaciones de manera definitiva el 21 de mayo de 2022, principalmente por el agotamiento de las reservas de carbón. Sus instalaciones forman parte de recorridos históricos y proyectos de geoparques que muestran la antigua actividad minera de la zona.
Mina el Pinabete (Sabinas): Este es el evento más crítico de la última década en la región, que se dio el 3 de agosto de 2022.
Durante las excavaciones, los mineros rompieron una pared que conectaba con una mina contigua abandonada y llena de agua, lo que provocó una inundación repentina de los tres pozos de extracción.
El accidente dejó a 10 mineros atrapados. Tras más de dos años de labores de excavación, en febrero de 2025 se pudieron extraer los restos del último de los diez trabajadores.
Promesas vacías
La principal demanda que hace la comunidad es que los empresarios y el gobierno atiendan este problema antes de que se concrete lo que la mayoría teme: Palaú convertido en un “pueblo fantasma”.
“Nada más prometen los gobiernos, no es un lugar que tengas un futuro”, manifestó González.
“Hay que volver a empezar como cuando no había minas; se buscó minas con la gente para mantener un sustento para llevar a la casa a la familia, pero ahorita, como ya no hay, ya saquearon todo lo que había debajo de la tierra”.
“La gente sabe que el mineral está ahí; el problema es que ya nadie quiere invertir en sacarlo”, concluyó.
La crisis de Palaú no es solo el fin de una planta, sino el síntoma de una región que apostó todo a un solo recurso.
La falta de una diversificación económica real dejó a la comunidad sin un “plan b” ante la transición energética; al no existir otras industrias, el destino de miles de familias quedó encadenado a un mineral que hoy ya no genera el interés de los grandes capitales.
Palaú forma parte del municipio de Múzquiz, que, junto a San Juan de Sabinas, Progreso, Juárez y Sabinas, conforman la reconocida zona carbonífera, que hoy lucha por no convertirse en un simple recuerdo de la historia industrial de México.



